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Existen tres clases de infecciones vaginales y todas son peligrosas porque se pueden convertir en enfermedades crónicas si no se tratan a tiempo y adecuadamente. Para prevenirlas es importante evitar el uso de protectores diarios, sobre todo los que no son de algodón, calzones sintéticos y los conocidos como de hilo dental, y las duchas y perfumes vaginales.
Por: Ana Isabel Villela
Se trata de enfermedades de las de la edad reproductiva, pues no dan antes de la primera menstruación, ni después de la última. Las hay de tres clases: la “bacteriana o polymicrobiana”, porque es producida por un conjunto de bacterias; la conocida como “cándida”, que es producida por un hongo; y la “tricomona”, que se origina por un parásito que sólo se transmite a través de las relaciones sexuales y cuyo tratamiento debe aplicarse tanto a la mujer como al hombre, aunque este último no presente sintomatología alguna. “Los síntomas varían según la infección, pero en todas se presenta una alteración de la flora vaginal, ocasionando desde picazón intensa y aparición de flujos anormales –algunos con olores muy fuertes y fétidos– hasta ardor en la zona vaginal, molestias al orinar y escaldadura. La presencia de las mismas, en cualquiera de sus formas, afecta la vida diaria de la mujer, incluyendo la intimidad con su pareja”, comenta el ginecólogo colombiano Ricardo Martín.
Ese cambio en la flora vaginal de la mujer es lo que la hace más propensa a las infecciones, e incluso es común que se le presenten dos tipos de ellas al mismo tiempo. Por eso los especialistas recomiendan para prevenirlas no usar protectores diarios ni toallas sanitarias que no sean de algodón, calzones de telas sintéticas o de pita, ni duchas vaginales. “También está el factor genético, hay mujeres mucho más propensas a las infecciones que otras. Tanto la infección bacteriana como la producida por un hongo son frecuentes después de la toma de un antibiótico, pues ese tipo de medicamentos suele acabar con la flora vaginal. El mayor problema es que las infecciones pueden volverse recurrentes o crónicas si no son bien tratadas”, continúa Martín. De ahí la importancia de no automedicarse ni recurrir a una farmacia a comprar un producto sin antes haber conseguido por parte de un médico un diagnóstico certero.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) habla de que en estos casos los médicos pueden recetar un tratamiento adecuado basándose en la sintomatología de la paciente, sin recurrir obligatoriamente a exámenes de laboratorio. “Este dato de la OMS busca motivar a las mujeres a acudir al médico al no más presentarse los primeros síntomas, a no dejarlo estar hasta que las molestias son inaguantables, para que la infección se trate a tiempo. Además, muchas pacientes dejan de ir al médico porque les va a resultar muy caro tanto examen de laboratorio, cuando ahora existen tratamientos que, por decirlo de alguna manera, le “pegan” a varios tipos de infecciones y estos no son necesarios”, concluye el ginecólogo.
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